El programa financiero 2026-2027 está casi resuelto sobre el papel. Con el Tesoro sentado sobre USD 3.082 millones en el Banco Central, garantías del Banco Mundial y el BID, y la renovación de repos en marcha, el financiamiento confirmado cubre USD 13.100 de los USD 30.700 millones que vencen en moneda dura. La arquitectura del año electoral está armada, y se financia con un sector externo que cambió de naturaleza: el superávit comercial de mayo (USD 3.504 millones, récord histórico) ya no depende solo del agro, porque la energía exportó 167% más que un año atrás y pasó a ser el otro gran motor de dólares.
La economía real recién empieza a moverse: la confianza del consumidor rebotó 6,4% en junio, el mayor salto en siete meses, aunque sigue por debajo de diciembre. Con la mayoría de los indicadores macro contenidos, el frente más difícil del Gobierno pasó a ser el político. A medida que se acerque el calendario electoral, la posibilidad de un recambio menos pro-mercado puede meter ruido en un frente financiero que por ahora parece poder contener; en un escenario extremo volvería a ponerse a prueba el respaldo de Bessent y Trump, pero todavía es temprano para leerlo.